Cansadas las manos de tanto escarbar en vacío, encontró la grandeza de su historia en las constelaciones que tantos años había ignorado, en historias que pensó que nunca hablarían de él.
Nunca quiso pedir perdón, pero no tuvo más remedio. Supo que todo había sido un error, y su pena lo acompañará hasta el cementerio. Ahoga la pena en un arma de cristal y siente como su volcán se apaga cada día un poco más.
¿Dónde han quedado las fuertes melodías que en una epifanía hablaban del dulce amor? Supo que todo era un acierto cuando de unos labios ajenos escuchó las palabras anónimas de su corazón. No puede evitar ver con los ojos cerrados. No quiere evitar sentir lo que es ser amado.
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